Qué asco. Foca. Alto cringe. Marina Llorca, 28 años. Instagram. Falta bajar de peso. Solo echa a correr un poco y baja unos 20 kilitos. Recibir estos mensajes por una red social no le resulta nada nuevo, lo hace cada vez que muestra su cuerpo. No solo es que tengamos un problema por no saber que nuestros comentarios afectan y hacen daño. Es que el problema viene cuando, aún siendo consciente, lo haces. Para Cristina Haro también es común encontrarse opiniones así y es el Body positive lo que le ha ayudado a aceptarse.


“¿Alguna vez se te ocurriría decirle a una persona delgada que promueve la anorexia solo por existir? ¿Por qué entonces me dicen a mí que promuevo la obesidad? Soy como soy y a quien no le guste, que simplemente deje de seguirme”. Ambas coinciden en esto hoy en día, pero nunca fue tan fácil para ellas. “Soy como soy”. Llegar a esta conclusión les ha costado mucho esfuerzo.

Las palabras también son armas y es lo que parece no entenderse en el gran universo de las redes sociales. Insultos, comentarios despectivos, vejaciones… es el día a día de las que deciden mostrarse públicamente en ellas. Sobre todo si no tienes un cuerpo normativo. “He sido mi peor juez”. Así se siente Marina después de haber conseguido alcanzar una paz mental consigo misma. “Como para perderla por 4 estúpidos detrás de un candadito en Instagram”. Su perfil, @marinallorca, está lleno de estos ‘estúpidos’, pero también lleno de apoyo. Porque apoyo es el que ella da. Con 183 mil seguidores, muestra su cuerpo de una manera impensable. La chica de 16 años que se odiaba a sí misma nunca lo creería.

“Llegar a decir con seguridad «soy como soy» me ha costado mucho esfuerzo. He sido mi peor juez.”

Publicar contenido en redes, lejos de significar una batalla más contra su autoestima, se convirtió en su vía de escape. Su cuerpo había sido una cárcel en tantos momentos, que mostrarlo al mundo, sin complejos ni miedos, la liberó. Y ahora pretende liberar a muchas más mujeres. #MarinaImitandoXL y #MarinaBodyVerso son dos de sus proyectos más importantes.

La intención inicial era simplemente demostrar que la talla no afecta en que una fotografía sea más o menos bonita. “Pero con el tiempo se convirtió en algo más”. Es un espacio donde hablar de amor propio, autoestima, salud mental, diversidad de cuerpos, complejos, inseguridades… “Me di cuenta que visibilizar estos temas desde mi experiencia era algo positivo para todos, que podía ayudar a otras personas que estuvieran pasando por algo parecido”. Una gran vía de escape.

«Un espacio donde hablar de amor propio, autoestima, salud mental, diversidad de cuerpos, complejos y inseguridades»

Dejadme ser. Dejadnos ser. Eso dice Cristina, @la__tineta, en su Instagram. Ahora se quiere y se acepta, pero también fue un proceso duro, con altibajos. Y los sigue teniendo. “Se trata de un trabajo constante hacia el amor propio, no hace falta estar siempre a tope de power. No soy peor defensora del Body positive porque un día no me sienta bien conmigo misma, pero siempre intentaré volver a trabajarlo para seguir evolucionando, y eso para mí es lo importante”.

A los 16 años empezó en el modelaje de tallas grandes y, desde entonces, todos los trabajos que ha realizado en este mundillo le han servido para empoderarse y reforzar su autoestima. “He aprendido a cuidarme, tanto física como mentalmente, y a no machacarme”. Y también le han acusado de promover la obesidad. “Yo me muestro tal y como soy, y enseño, por ejemplo, la ropa que uso para decir: Oye chicas gordas, que en tal sitio o tal otro podéis encontrar ropa de vuestra talla. Con este mensaje no estoy diciendo: Oye que soy gorda y/o obesa y soy lo mejor del mundo. No, para nada, estoy visibilizando un cuerpo válido: el mío”.

Por las veces que algo que le encantaba se ha quedado en el fondo del armario. Por el qué dirán. Por eso usa Instagram para ayudar a otras. De pequeña nunca encontraba su talla en las tiendas y, en muchas ocasiones, su mejor opción era la ropa para embarazadas, porque era mucho más juvenil que “la de gordas”. Iba con su madre a comprársela y siempre le atendía la misma dependienta, súper simpática. “Estoy convencida que ella era consciente de lo complicado de la situación”.

Cristina no sabe, cuando lo piensa, cómo podía reunir el valor para vestir igual que una premamá. Sin embargo, era la realidad de muchas jóvenes que querían llevar ropa blanca, rosa o con estampados. Actualmente la situación ya no es así, aunque ella todavía reconoce “normas no escritas” de todo tipo; si eres alto, bajo, con el cuerpo recto, con forma de pera o de reloj de arena… “Parece casi que te tengas que sacar una carrera para vestirte cada día con lo que se supone que te queda mejor”.

Fotos de Cristina Haro, @la_tineta en Instagram

Instagram también se presentó como una nueva oportunidad en su vida, tanto de crecimiento personal como profesional. Lo que empezó siendo un perfil privado, como el que todo el mundo tiene, acabó siendo un espacio donde profundizar y aprender sobre el Body positive. Es inspiración y fuerza, lo que ella encuentra en su red social. “Me parece súper enriquecedor y además de manera recíproca”, confiesa.

El punto positivo de las redes sociales es la variedad y diversidad que hay; la normalización de los cuerpos. “¿Es necesario que para ello tengan que mostrar los suyos?” La respuesta es sí. El hecho de no sentirse sexys y atractivas por ser gordas, acaba en el momento en que se hacen una foto, la publican y le dicen al mundo que lo son. Se acabó el pensar que no le puedes gustar a nadie. Sin embargo, al mostrar su cuerpo de esta forma, las mujeres que no tienen cuerpo normativo sufren una doble discriminación. Los comentarios que puede aguantar una mujer ‘delgada’ que sube fotos en ropa interior no van más allá de “guarra” y “provocadora”. En cambio, ellas soportan la doble crítica; además de “provocadora”, escuchan “¿no te da vergüenza con ese cuerpo?”.

«Las mujeres que no tienen cuerpo normativo sufren una doble discriminación cuando muestran su físico»

Estas herramientas no las pudieron disfrutar en su juventud, ni Marina ni Cristina. Tuvieron un camino mucho más duro, por lo que ahora son figuras que facilitan el camino de otras. “Yo he perdido mi tiempo. Así, tal cual”, dice Marina. Es la sensación que le queda después de tantos años viviendo con un TCA. “Perdemos tantísimo tiempo intentando ser algo que no somos, queriendo alcanzar un canon de belleza imposible, culpabilizándonos porque tu físico no es todo lo perfecto que debería ser, castigándonos, juzgándonos, comparándonos con otras mujeres… que una vez que consigues salir te das cuenta que has perdido el tiempo”.

Si tiene que identificar un momento en el que empezase todo, fue a los 14 años, con la figura de un chico que jugaba a baloncesto. Cuchicheos. Comentarios con la palabra ‘foca’. Risas. Y todo porque Marina tenía sentimientos hacia él. A raíz de eso, su cuerpo le obsesionó. Pero no fue consciente de que estaba desarrollando permarexia hasta mediados de 2015.

Era una época de desconocimiento y aquella actitud de pesar los alimentos y controlar las calorías de todo lo que ingería estaba justificado ante la sociedad con la frase “solo me estoy cuidando para verme bien”. No fue hasta que se mudó a Estados Unidos cuando finalmente habló en voz alta de lo que estaba sufriendo. Su compañera de piso en Nueva York había padecido anorexia y gracias a ‘aquellas larguísimas charlas en inglés sobre estos temas’ cambió su mentalidad. “Empecé un proceso de amor propio, salud mental y autoestima que dura hasta hoy”.

La belleza NO es una talla / @marinallorca

«Perdemos tantísimo tiempo intentando ser algo que no somos, queriendo alcanzar un canon de belleza imposible, culpabilizándonos porque tu físico no es todo lo perfecto que debería ser, castigándonos, juzgándonos, comparándonos con otras mujeres…»

Autoestima. Cuidado con esta palabra. Cristina y Marina consideran que es muy necesaria, pero ambas coinciden en una cosa: también puede ser peligroso intentar quererte 24/7. Habrá días que te mires al espejo y no te guste lo que veas, que solo te apetezca ponerte el pijama, y eso no tiene nada de malo. “Esos días son igual de válidos que los que te sientas como una diosa del Olimpo”. Además, quererse y aceptarse no es sinónimo de no poder cambiar y mejorar, por supuesto. Sin embargo, el mensaje que quieren dar es que puedes cambiar, pero jamás obsesionándote con objetivos, estereotipos y modas irreales. «No soy preciosa y maravillosa siempre, y eso está bien». Pero lo que sí son, y somos todas, es una persona válida, que no se define ni por su cuerpo, ni por su peso, ni por lo que publica en una red social.