Explicar la rutina de una persona que sufre ortorexia no es fácil, pero más complicado es vivirlo.

A las cinco de la mañana se levanta para hacer ejercicio. No se lo salta ni un día. Si las clases empiezan a las ocho de la mañana tiene que sacar tiempo antes. Desayuna lo que le permite su tabla de macronutrientes y se va a clase. Come con sus compañeros que, entre risas, se extrañan de que pida ensalada en vez del menú del día con la pizza estrella del local. Se enfada y decide que nunca volverá a salir con ellos. No la entienden. Después de estudiar vuelve a hacer ejercicio, la influencer a la que sigue en Instagram, esa que tiene un cuerpo tan perfecto, hace tres horas diarias de deporte y ella no puede ser menos. Si quieres algo tienes que sacrificarte, se recuerda.

La voz que le dicta esta rutina tan estricta se endurece, y los macronutrientes del día cada vez son menos, los suficientes para sobrevivir un día más. No tiene amigos, no sale, ni se relaciona, prefiere hacer deporte. Entre las máquinas de un gimnasio cualquiera de Cuenca (Ecuador) ella se siente segura. Nadie la entiende, se compadecen de su pérdida de peso y ella se sorprende de la vida tan poco sana que lleva el resto de la sociedad. Cada mes pesa menos y menos, hasta que un día la voz de su cabeza se calla. Sin más, calló. Le dio una tregua y respiró, y fue en ese instante de coger aire cuando se miró en el espejo y entendió que necesitaba ayuda.

Foto de Cynthia Novillo. Fuente: Instagram

“No vale la pena seguir este camino de sufrimiento porque haces sufrir a tu cuerpo y a tu mente.”

Esta es la historia de Cynthia Novillo, una influencer ecuatoriana de 23 años, que, en la etapa en la que supuestamente debes experimentar, descubrir quién eres, viajar y conocer el mundo que te rodea, ella lo único que hizo fue ser su propia prisionera. Tras sufrir el Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) de ortorexia quiere ahora, feliz, ayudar a acabar con el tabú que existe alrededor de los trastornos alimentarios. Y, por supuesto, evitar que alguien más sufra de la forma que lo hizo ella. “Yo me creía que estaba haciéndolo todo bien”, cuenta mientras informa que darse cuenta de que padeces este trastorno es muy difícil porque, al contrario que en otros, nunca dejas de comer.

No es la primera vez que se oye hablar sobre los trastornos alimentarios. La “anorexia nerviosa” o la “bulimia” están a la orden del día y todos conocen, aunque sea de segunda mano, a alguien que ha sufrido o está sufriendo este tipo de conductas alimentarias, lo que no lo hace más normal ni menos peligroso, pero sí más fácil de detectar. En el caso de Cynthia, llevar un ritmo de vida tan estricto, lleno de autoexigencias y de recordatorios sobre qué debía hacer y qué no, están detrás de la fachada de una persona que aparenta simplemente llevar una vida saludable. ¿Cómo identificar entonces el TCA de la ortorexia?

Foto de Cynthia Novillo. Fuente: Instagram

“Hay una línea superfina que hace mucha gente no acepte o no se de cuenta que tiene un trastorno o problema con la comida y es que, aunque muchas veces tengas un peso normal, es como tú te sientas internamente. Yo veía una galleta y me ponía a llorar.” Aunque con una mirada triste, no le tiembla la voz al hablar. Para poner en contexto el punto de su obsesión cuenta como ella, que es estudiante de cine y en su centro educativo tienen muchas entregas prácticas que requieren pasar días enteros grabando, movilizó a todos los compañeros de su grabación para que la comida que se sirviera fuera toda saludable. “Llegas a límites que la gente normal que lleva una vida sana no llega. Son detalles pequeñitos, pero si te comparas a como eras antes ves como has cambiado para mal.”

La joven insiste en que es necesario hablar de estos temas y acabar con el tabú que hay detrás de cualquier enfermedad mental. Incluso, se atreve a decir que mucha gente se niega a pensar que tiene un trastorno por todos los estigmas sociales que conlleva. “Yo les proponía algo de un psiquiatra a mis padres y enseguida decían: NO, eso es para la gente loca”, recuerda.

La ENSE (Encuesta Nacional de Salud de España) averiguó en un estudio realizado el pasado 2017 que dos de cada diez personas de 15 años y más refirió haber sido diagnosticado de algún problema de salud mental, lo que supone el 10,8% de la población joven española. “La gente tiene el prejuicio de que si empiezas a medicarte el problema es tan grave que no se deberían ni acercar a ti, cuando para cualquier otra enfermedad como diabetes u otra más crónica la gente necesita medicinas y no se ven como algo negativo.”, cuenta desde su experiencia de recuperación Cynthia.

“La gente no quiere aceptar que las enfermedades mentales son enfermedades válidas.”

Como indica Cynthia, el deporte excesivo es una de las partes fundamentales de este trastorno. Cuenta como se “autoconvencía” para pensar que le encantaba correr, ir en bicicleta o ir a todos los sitios andando, cuando lo que había detrás era “perder calorías.”

Foto de Cynthia Novillo con ropa de deporte. Fuente: Instagram

El confinamiento y la gestión emocional de la pandemia ha hecho que los casos de aumento de deportistas se disparen. La cantidad de gente que decide salir a correr o que pisa por primera vez los gimnasios es mayor en comparación con otros años. Si esta situación se lleva al extremo, la historia de Cynthia no es tan peculiar, pues todo el mundo conoce a una persona que vive más en una instalación deportiva que en su propia casa.

Salir de un pozo sin fondo en el que cada día caes más profundo no es fácil, tras meses de esfuerzo contra ella misma, mucha fuerza de voluntad y ayuda de profesionales, Cynthia fue poco a poco superando su trastorno con la alimentación. Como en cualquier situación extrema, los primeros remedios fueron extremos: comer lo más posible y no hacer nada de ejercicio. “La nutricionista solo me dejaba hacer caminata y yo, aun así, al principio, abusaba y hacía dos horas. Me di cuenta de que estaba volviendo a lo mismo y yo misma me hice parar.”, cuenta la joven. Insiste en la práctica de yoga como un método de evasión “ideal” junto al pilates, ambas disciplinas tranquilas y con la capacidad de hacerte conectar con tu mente.

“Para cualquier otra enfermedad como diabetes u otra más crónica la gente necesita medicinas y no se ven como algo negativo.”

En esta lenta recuperación Cynthia encontró su lugar en la red social Instagram, admite que la misma plataforma donde veía cuerpos irreales, consiguió mucho tiempo después, hacerle sentir bien. “Es como auto terapia. «Encontré muchas chicas que estaban pasando por lo mismo e hice muchos amigos que a día de hoy aún no conozco en persona.” Ella misma admite utilizar esta plataforma como una herramienta donde promover la vida sana no se convierta en una obsesión que desencadene ningún tipo de mala conducta con la comida. Con una comunidad de 18.000 seguidores, esta micro influencer se enfrenta de nuevo al mundo real. “Yo pensaba en el 2017 que ya estaba bien, luego en el 2018 que ahí ya estaba bien, el año pasado que ya estaba bien pero ahora me doy cuenta de que ahora es cuando realmente estoy bien. Recuerda, aunque es duro de decir y de escuchar, que el proceso de superación de un trastorno alimentario es infinito “hasta que yo no deje de existir el progreso nunca va a parar”, concluye.

Leerlo es fácil, escucharlo de su propia voz es duro, pero vivirlo es un infierno. No es la primera vez que una historia como esta hace parar a pensar qué se está consiguiendo como sociedad cuando una persona piensa que llegar a determinado físico va a ser su mayor éxito vital. La historia de Cynthia es real, y el mundo paralelo en el que sumió también, ¿costará convencer a las nuevas generaciones de que lo fue?