Más de 400.000 personas conviven día a día con la celiaquía en España. Esta enfermedad aumenta cada año en nuestro país a un ritmo del 15% y, a pesar de afectar a un 1% de la población total, se estima que muchas personas que la sufren no están diagnosticadas, de momento, porque no son conscientes de que los síntomas están relacionados con la enfermedad.

La celiaquía es una enfermedad autoinmune en la que tu propio organismo produce anticuerpos contra el gluten. Por tanto, cuando una persona celiaca ingiere alimentos que contiene este tipo de proteína estos anticuerpos atacan y dañan el intestino.

Dentro de ese 1% se encuentra Sara López, una joven estudiante de Medicina que, lejos de haber cambiado su alimentación de manera radical, fue diagnosticada con celiaquía a sus cortos 18 meses de edad.

Al preguntarle sobre su experiencia cuando le diagnosticaron la enfermedad, Sara admite que “al ser diagnosticada a una edad tan temprana no tengo recuerdo propio”, por lo que su madre responde en su lugar que “cuando diagnosticaron celiaquía a mi hija con 18 meses, sentí, en primer lugar, alivio, puesto que por fin teníamos un diagnóstico y también preocupación, porque no conocíamos a nadie que padeciese esta enfermedad, y realmente, no habíamos oído hablar nunca de ella”.

El gluten forma parte del día a día de la sociedad y, como era obvio, de la dieta inicial que ella consumía antes de ser conscientes de que su cuerpo sufría ese rechazo, “ella dejó totalmente de comer, y con esto me refiero a que, únicamente comía un yogur en la comida, y con mucho esfuerzo por nuestra parte… “, comenta su madre, “el diagnóstico del pediatra fue “estacionamiento ponderal”, ya que, de los 12 a los 18 meses no creció nada y engordó 100 gramos. Pero no tenía otros síntomas típicos del celíaco como hinchazón abdominal o diarreas”.

Claramente, la preocupación por la alimentación de Sara antes de sus 18 meses era alto, pues sin saber el diagnóstico, su madre no se imaginaba qué podría suceder. Además, admite que no conocía “para nada” esta enfermedad. “No habíamos oído hablar de ella”, confiesa echando la vista atrás.

Tras el diagnóstico, su entorno se vio sumido en un “shock”, pero, “en el momento que vimos que ella se recuperaba rápidamente, todos nos concienciamos que era únicamente una dieta”, añade, “una “fácil” solución para una enfermedad”.

La alimentación es una base importante para el funcionamiento y, tras saber lo que Sara tenía, recurrieron a la ayuda de la Asociación Celíaca Aragonesa, una entidad de carácter social, sin ánimo de lucro y una de las más destacadas en España. “Nos brindaron apoyo desde el primer momento”, confiesa “proporcionándonos consulta con dietista para modificar la dieta familiar y nos pusieron en contacto con otros pacientes, en este caso padres de pacientes, para compartir experiencias y soluciones”.

Cuando Sara coge las riendas de la entrevista y le preguntamos por alguna experiencia destacada, nos dice que “cuando me diagnosticaron de celiaquía realizaron las pruebas a toda mi familia, y mi tía, que siempre había tenido problemas gastrointestinales, salió positiva con 32 años, por lo que tuvo que cambiar completamente su dieta y mejoró muchísimo”.

A día de hoy y después de esta amplia experiencia en el mundo sin gluten, ¿qué opina Sara de la situación en la que se encuentra la enfermedad actualmente y cómo cree que evolucionará en un futuro próximo?

“Creo que actualmente muchos restaurantes y supermercados están apoyando y dando muchas opciones sin gluten. Aunque hay que tener en cuenta las diferencias de precio en los alimentos sin gluten, puesto que son alimentos muchísimo más caros. Un kilo de harina con gluten vale 0.40€ y sin gluten 4.25€, o un kilo de pan de molde cuesta 1.30€, y sin gluten 8.80€, aproximadamente, por poner un ejemplo. Lo que supone un gran gasto para un celíaco y no todas las personas pueden permitírselo”.

Cuando hablamos de alimentación, España se posiciona en uno de los países más avanzados en unos niveles, pero uno de los que más se queda atrás en otros. En este caso, si preguntamos a Sara si es un país preparado para las personas celíacas, ella no duda “en general si”. “Generalmente se encuentran alimentos en la mayor parte de los supermercados, y cada vez la hostelería conoce más el problema”, aunque, destaca que, “aún queda mucho por hacer, todavía se encuentran sitios donde no se responsabilizan de contaminación cruzada entre alimentos, y es más cómodo no “complicarse” con intolerancias alimenticias”.