Con la llegada del calor y las prendas que dejan ver más centímetros de piel parece casi obligatorio el ritual de estirar la toalla en la arena/hierba (o incluso en el suelo del balcón) para tomar el sol durante horas. La belleza en verano depende del grado de color que tu cuerpo es capaz de soportar, por eso comparar tu brazo con el de tu amiga para ver quién está más morena se convierte en la competición de moda durante tres meses. Pero, ¿a qué precio?

Quemaduras, insolación, deshidratación e incluso el cáncer de piel. Sobreexponerse al sol, sin tomar las medidas adecuadas o haciéndolo durante mucho tiempo, puede tener graves consecuencias. Mucho más que una simple quemadura que puedes curar con aloe vera. Y esto afecta principalmente a las personas de piel más blanca, ya que son las más susceptibles de quemarse bajo el sol. Es lo que le pasa a María de Andrés, estudiante de 21 años que ha pasado durante toda su vida “más horas de las recomendadas tomando el sol solo por aceptación social”.

Su piel, que define como “blanca transparente”, no tolera el sol a grandes dosis. “Además de que me aburre pasar más de 20 minutos tumbada exclusivamente tomando el sol, hacerlo de forma prolongada es algo que mi cuerpo soporta mal. Me duele la cabeza, me llega a escocer la piel, soy propensa a quemaduras e insolaciones, me mareo…“. Y, aún así, han sido muchas las ocasiones en las que se “ha esforzado” para ponerse morena, a pesar de que eso significase jugar, en cierto modo, con su salud.

Gente como María hay a montones. En todos los grupos de amigos hay una persona que nunca se pone moreno o morena en verano y que desata todos los comentarios jocosos del resto de amigos. Que si “apártate que me deslumbras” o “hay que tomar más el sol eh” son algunos de los comentarios estrella soporta la gente con un tono de piel más claro en los meses de más calor. Pero, ¿somos consciente de los peligros que tiene tomar el sol de manera masiva?

Manchas en la piel, formación de arrugas, cataratas en los ojos o disminución de las defensas son algunos de los efectos secundarios que tiene tomar de manera frecuente y prolongada el sol sin protección. A todos estos efectos secundarios se les suma el temido cáncer de piel que de no ser diagnosticado a tiempo puede acarrear muchos problemas de salud y difícil tratamiento. ¿Por qué sigue siendo el moreno una competición en verano entonces?

Escuchar a mis amigas decir que están feas porque han perdido su moreno por haber dejado de tomar el sol, también me afecta a mí

María de Andrés

María confiesa que el comentario que más le ha marcado y que más inseguridades le ha causado por su tono de piel no se lo hicieron a ella, pero reconoce que lo recuerda por mucho que pasen los años. “Madre mía, esa chica no tiene las piernas para enseñar”, dijeron a su lado. No iba dirigido a María, pero se vio reflejada en esa chica aleatoria que pasó por la calle caminando tranquilamente. ¿Por ser blanca “no me puedo permitir” enseñar las piernas? ¿Necesito un paso previo, que es tomar el sol? ¿Y si aún tomándolo no consigo ponerme morena?

Ese pensamiento lo ha encarnado consigo misma durante muchos años, teniendo cuidado a la hora de elegir determinadas prendas y dejando de ponerse ciertos colores. “Los días que me veía excesivamente pálida yo me decía a mi misma: no tienes las piernas para enseñar, y me ponía pantalones largos”, nos cuenta. En verano parece que la belleza funciona en función de lo morena que estás y María admite que en cualquier conversación de piscina o playa siempre hay comentarios sobre el color de piel. “Escuchar a mis amigas decir que están feas porque han perdido su moreno por haber dejado de tomar el sol, también me afecta a mí”, expresa.

El tener un tono de piel blanco en verano es un complejo que tiene difícil solución, como dice María “si eres, por ejemplo, bajita, se puede solucionar con tacones”. Sin embargo, cambiar tu color de piel de forma saludable, sin poner en riesgo tu salud, es muy complicado. Por eso, y gracias a la ayuda de su pareja y amigos, con la edad y el proceso de amor propio, María ha podido ir aceptando poco a poco su color de piel. Algo que parece tan obvio, aceptar tu tono de piel, a María y miles de personas más, les cuesta un mundo cada verano. Esta situación es cíclica y se repite con cada llegada de junio.

“Cada uno tiene su propia forma de concebir la belleza. Hacemos las cosas por gustar, pero ¿para gustar a quién?”

María de Andrés

Como anécdota “graciosa”, María recuerda que en segundo de la ESO intentó ponerse morena con un autobronceador que le dejó la piel naranja “como una mandarina”, y que solo provocó que sus compañeros de clase le recordasen durante todo el instituto la locura que había hecho. Lo que para sus compañeros fue un simple recuerdo gracioso, para María fue una posible solución a su complejo fallida. Si toma el sol y el tono de moreno no sube y, encima, utiliza autobronceador y se queda naranja, ¿Qué puede hacer? ¿Tan difícil es aceptarse?

“Siempre he sido muy consciente del peligro que supone exponerse al sol y ahora más, desde que estudio medicina, por lo que no me compensa coger un tono más de piel o jugar con la crema. No hago tonterías”. Nos cuenta ahora, después de trabajar en sí misma y en darse cuenta de que los peligros de exponerse tantas horas al sol no le compensan una mínima subida de tono que nada va a diferenciar de los comentarios que recibía antes.

María es una entre un millón de personas que odian la llegada del verano por historias parecidas. La sociedad no puede defender que todos los cuerpos son válidos si no lo es una piel más blanquecina en verano. Tomar el sol está bien, tiene muchos beneficios y es recomendable, pero con precaución, protección y limitaciones. Como dicen los expertos dermatológicos, tomar el sol con crema 50 e ir reponiéndosela podría ser una buena opción. Además, no cabe excederse con los tiempos e intentar tomarlo a horas donde no pegue tan fuerte. La piel es salud y mantener esta en buenas condiciones es primordial, el tono es secundario.