Cuando buscas la palabra “alopecia androgenética” en Google, el primer resultado que obtienes dice así: “es un trastorno en el que se produce una caída del cabello con un patrón claramente definido; la forma más frecuente de alopecia y afecta a aproximadamente al 50% de todos los varones“. Varones. Es muy frecuente que sean ellos los primeros que se te vienen a la cabeza cuando piensas en alopecia. Pero, ¿no existen mujeres que también la sufren?

Para Carlota Quiroga, recibir la noticia de que tenía alopecia androgenética con 13 años fue un golpe duro de realidad. Llevaba desde los 11 años yendo y viniendo a médicos que no sabían exactamente qué diagnosticarle. Sus padres empezaron a notar que su pelo cambió de un año a otro y pensaban que podría ser estrés o algún disgusto. Sin embargo, tenía un nombre.

P: ¿Cómo afectó esta en tu vida de adolescente?

R: Me pusieron un tratamiento, sobre todo a base de hormonas, me dijeron que me terminaría quedando calva y me mandaron a casa a probar vitaminas y “crecepelos”. Afectó a mi vida porque se convirtió en realidad, en tangible. Si tenía un nombre era algo que se podía ver, que se notaba desde fuera. Ya no era algo que podía creer yo o mis padres. Era algo que además había llegado para quedarse y que me deparaba un destino extraño e incomprensible. Imparable. Y si cualquier adolescente duda hasta de su sombra, de quién es, qué quiere, qué esperan de ella, si además se sale de la norma por cada poro, la inseguridad se convierte en parte de tu personalidad irremediablemente.

Me dijeron que me terminaría quedando calva y me mandaron a probar vitaminas y “crecepelos”. La inseguridad se convierte en parte de tu personalidad.

P: En Alopeciones cuentas cómo fueron esos primeros tratamientos para la alopecia, ¿actualmente la tratas de alguna forma?

R: Hace algunos años que dejé el tratamiento hormonal porque sus efectos en mi estado de ánimo eran nefastos. Me importó (y me importa) más el todo que el elemento. Hoy en día solo utilizo un líquido que varios médicos me han asegurado que es el único “crecepelos”. No repara, no hay vuelta atrás en lo perdido en la alopecia, pero sí contribuye a que haya nuevo candidatos. Se llama Minoxidil. Aunque, por cursi que suene, mi mejor tratamiento ha sido este proyecto de tengoquenayque. Exponerme para crear comunidad, hablar sin tapujos de todo lo que he sentido y siento, ha sido una terapia brutal.

P: Normalmente las enfermedades de la piel (como pueden ser el acné, la psoriasis y la alopecia) están muy invisibilizadas. La gente que las padece vive su día a día intentando esconderlas, mediante maquillaje, ropa, etc. ¿Cómo fue para ti esos inicios de esconder tu alopecia? ¿Y cómo conseguiste salir de ese bucle y empezar a aceptarla?

R: Yo siempre he ocultado mi alopecia con diademas. De todos los colores. Lo difícil era el invierno, ponerte gorro y luego entrar a un sitio. Ahí siempre he estado vendida porque, además de escaso, mi pelo es ingobernable así que una vez le doy opción a sublevarse, véase, sudar, despeinarse, mis calvas salen de paseo y ahí se instalan. Creo que no sé decir  cuando empecé a salir del bucle de ocultar. Hoy todavía tengo el reflejo en la mano de peinarme cuando me veo en un espejo, me tenso cuando veo una foto mía en la que se ve el blanco contra el marrón de mi pelo. Pero hablar de ello con lo que sea que sienta, a veces humor, a veces vergüenza, a veces pena ha hecho que forme parte de quién soy y el amor que siento por mí invade todo lo que eso supone.

“Hablar de ello, sin tapujos, con humor, a veces con vergüenza, a veces pena, ha hecho que forme parte de quién soy y el amor que siento por mí invade todo lo que eso supone”

P: ¿Qué consejos darías a estas personas que todavía están en esas primeras fases de no-aceptación?

R: Que se lo tomen con toda la calma que sean capaces. Que respiren lo que les llega. Es un viaje, muchas veces muy largo, y hay que transitarlo. No aceptar es parte del proceso. Pero al mismo tiempo les diría que se mientan un pelín y se atrevan, en entornos de confianza, a probar cosas que les apetece y creen que por su condición no tienen “derecho”. A ponerse moños, a usar complementos del pelo, a raparse, a hacerse fotos con el pelo al viento. A lo que sea que les llame, con quiénes quieren, que se diviertan hasta que un día les salga natural y lo quieran hacer con todo el mundo sin miedo.

P: ¿Cómo surgió el hacerte el perfil de Instagram para visibilizar la alopecia?

R: Pues veía que escribiendo en Weloversize había dado con una tecla para mi bienestar  y que necesitaba hacerlo más grande. Y que si mi viaje podía servir a alguien más tenía que intentarlo. Hablar y hacer reír son para mí como el oxígeno y la sangre. Y ayudar a quien pueda compartiendo vivencias comunes, por difíciles que hayan sido, es la guinda de todo. En realidad está siendo una terapia colectiva.

P: ¿A lo largo de tu vida, has tenido que sufrir muchos comentarios de personas cercanas sobre tu pelo? ¿Y en las redes sociales has recibido mucho hate por ello?

R: Pues si. Casi siempre de lástima. Algunos de sorpresa, otros de desprecio pero, por suerte los menos. Sin embargo, los que son con pena son los más difíciles de gestionar. Porque ahí en lo que dicen hay algo de verdad: de no querer eso para ti, para ellos, de miedo. Y eso es horrible. Los que te quieren y porque te quieren te comentan cosas te hacen dudar de quién eres y eso es lo peor. Por eso son los que más deben esforzarse y deben ser los primeros en dar pasos agigantados en pro de aceptar la diversidad.

“Los comentarios de pena son los más difíciles de gestionar, por eso los que te quieren son los que más deben esforzarse para dar pasos agigantados en pro de la diversidad”

P: Tener una autoestima sana y fuerte es algo que nos cuesta a muchísimas adolescentes y jóvenes, sobre todo en estos años más complicados hasta llegar a la madurez. ¿Cómo fue para ti el proceso de construir tu autoestima?

R: Es, es. Es un proceso y un viaje del que me siento especialmente orgullosa este último año porque está brillando pero no cesado desde que comenzó, desde que tuve por primera vez un miedo o una duda sobre quién era. Llevo casi 29 en esta tierra y hasta los 28 que no empecé a mirarme con otra luz. Creo que lo que más me quedo es con la palabra FLUYE. Porque a veces te sientes la reina del mundo, maravillosa, y no te quieres ir pero hay que fluir ahí también. Yo procuro aferrarme a la sensación para cuando no pueda con la vida, pueda dejarme llevar por ese impulso. Las otras veces, cuando me siento la mayor de las mierdas, me esfuerzo en fluir también, no pararme y recordar que tan efímero fue cuando gobernaba la tierra, tan efímero será ahora que sostengo todo el peso del mundo en mis hombros.

Carlota, además de visibilizar su alopecia y dar ese rinconcito de fuerza para las que comienzan un camino como el que ella hizo a sus 13 años, también reivindica la gordofobia en su perfil. Para ella, ser gorda es, a veces, luchar contra estigmas, reeducar el lenguaje y la mentalidad. Sabe que al movimiento Body Positive le queda muchísimo camino por recorrer, pero cree que “estamos yendo a cientocuarenta en autopista”.

“Acoger nuestras diversidades, aprender de nuestro entorno; lo entendamos más o menos ponerle ganas de escuchar a quién ha vivido silenciado durante todo este tiempo y comprender que todos tenemos algo bueno que hacer. Empieza queriéndonos y termina entendiendo que todos tenemos derecho a vivir tranquilos nuestro viaje hacia la mejor versión de quienes somos, sin que nos entorpezcan o anulen nuestro esfuerzo o nuestra esencia. Y aunque queda para que todos lleguemos a esa conclusión, la comunidad es más fuerte”.