Recibir una mala noticia nunca es fácil, especialmente si la recibes sola y en medio del comienzo de una pandemia mundial. Una noticia que llega con miedo, incertidumbre, que te pilla perdida y sin saber qué hacer. En blanco. Para Sara Camarero, la frase “tienes cáncer” llegó “como un huracán” que se acabó desenvolviendo en una montaña rusa de emociones. “El proceso mental es constante. Al principio no entendía nada, me preguntaba cada día el “¿Por qué a mí?”, pensaba que era algo injusto, que no me lo merecía“, nos cuenta. “Sentí muchos días que tocaba fondo, que no podía, otros días todo lo contrario, que tenía que salir, concentrarme en curarme. Ir día a día, fijando el objetivo en el momento presente”.

En su caso, además, la detección del cáncer llegó de forma inesperada. Solo acudió al ginecólogo para realizarse una revisión anual que tenía gracias al seguro privado, y ahí fue cuando le derivaron al hospital porque “algo no iba bien”. En la seguridad social, las citologías y revisiones más exhaustivas no empiezan hasta una vez cumplidos los 25 años. Pero Sara tenía 24 cuando se lo detectaron. “El cambio debe darse darse en la prevención; que se puedan desarrollar pruebas y diagnósticos de manera preventiva, que no haya tanto retraso en citas o tan espaciadas en el tiempo… La sanidad pública es la que nos salva, pero tiene que llegar a tiempo“, expresa.

El proceso mental es global y constante

Sara Camarero

Sara pasó por dos operaciones, en las que perdió un ovario, y por cuatro ciclos de quimioterapia, de más de seis horas de lunes a viernes. Un tratamiento agresivo pero eficaz que, aunque describe como “muy muy duro”, funcionó desde el primer momento. Durante el proceso de quimio son muchos los cambios físicos que sufre una persona. “Estaba todo el día revuelta, mareada, débil, sentía que estaba destruida físicamente, pero sin duda, lo que más me afecto físicamente fue el proceso del pelo”, confiesa Sara. “Cuando ya te ves completamente calva es lo que más me recordaba el porqué estaba enferma. Y por mucho que te digan que eso crece, es tu pelo, es parte de tu físico, influye mucho en la autoestima“.

Sara Camarero durante su tratamiento

En el caso de Merche Fernández, fue en 2016 cuando le detectaron, tras diagnósticos diferentes, cáncer de ovario. “Lo primero que sientes es incredulidad: ¿de verdad me está pasando esto? Y cuando lo comunicas a la familia más allegada, amigos, compañeros de trabajo… es duro.” Nos explica que tuvo una revisión ginecológica 5 meses antes de que le detectaran el cáncer de ovario. Una cita médica en la que simplemente le realizaron una citología (prueba médica para detectar cáncer de útero pero NO de ovario y que se puede pedir a partir de 25 años).

Aunque afirma que su cáncer es de crecimiento lento, insiste en que cada caso es diferente y, muchas veces, cuando este se diagnostica resulta estar en una fase avanzada. “Incluiría las ecografías en las revisiones ginecológicas periódicas, se debería dar a conocer más el cáncer de ovario (por sus síntomas tan inespecíficos) y los profesionales, ante esos síntomas, barajar la posibilidad de un cáncer de ovario“, afirma contundente, a la vez que avisa que no cree que se dé a menudo un diagnóstico erróneo.

El tabú existe en el momento en que hay personas que se refieren al cáncer como “una larga enfermedad”

Merche Fernández

Por suerte, Merche se define como una persona que vive el día a día y que, aunque es cierto que la palabra “cáncer” está siempre “como ruido de fondo en su cabeza”, desprende positividad. Una positividad que se aleja de las frases tóxicas que asocian al cáncer con una batalla que ganan los luchadores. Porque no es así. “Las enfermedades (u otras situaciones graves) no se asignan a quien puede sobrellevarlas. No. Te tocan y punto. Y te apañas como puedes y mejor sabes“, expresa Merche. “Acepto el diagnóstico, pero no el pronóstico. Y acepto esta nueva experiencia como parte de mi historia vital”.

Lo mismo opina Sara, que confiesa que, como sociedad, intentamos evitar el dolor o el sufrimiento. Incluso el ajeno, cuando solo se trata de escuchar y sentir el dolor de otros, pensamos que lo mejor es ayudarle a olvidar lo que tiene. “Pero es que no se puede olvidar lo que uno tiene, y en muchas ocasiones las frases típicas motivadoras no ayudan. Porque no soy ninguna guerrera, porque no soy la indicada para superar esta enfermedad, que no gracias a mi sonrisa y mi buena actitud lo voy a superar antes o mejor“, expresa.

La ayuda psicológica fue para ambas imprescindible. El proceso de vivir (y superar) una enfermedad no termina cuando lo hace el tratamiento. “No me daba cuenta pero tenía muchos nudos por dentro después de todo, pensaba que con curarme hospitalariamente y no volver a darme tratamiento servía para decir “ale ya está hecho”, pero no. Tenía y seguramente tengo, muchas cosas que curar por dentro, que llevan su propio proceso”, expresa Sara. Algo por lo que Merche defiende que, además de la ayuda de familiares y amigos, la información y las herramientas que ofrecen los psicooncólogos es esencial.

La asociación ASACO (Asociación de Afectados por Cáncer de Ovario) trabaja para intentar hacer ver a a ciudadanía la importancia de observar y prevenir esta enfermedad de manera adecuada y ayuda a sus socias a través de profesionales psicológicos. Además, cuentan con grupos autonómicos donde mujeres que han pasado o están en ese momento en tratamiento se juntan, hablan y comparten experiencias. “Para mí, el formar parte de un grupo de personas que han pasado por un proceso similar es muy importante. Hace unas semanas pudimos reunirnos unas cuantas socias de Valencia y fue una alegría tener mi primer encuentro con ellas.” Cuenta Merche.

Sara cuenta como en una de las sesiones psicológicas a las que ha asistido, una psicóloga dijo “El Cáncer no te define” y afirma que “es la mejor frase que he recibido”. “No somos el cáncer que tenemos, no podemos responder a todas las preguntas que nos surgen, porque no hay respuesta. Y por supuesto, no es tu culpa tener cáncer. Que será difícil, y aunque todo sea oscuro, hay luz de verdad. Está dentro de cada uno de nosotros.”

Detectar la enfermedad a tiempo es clave para que las mujeres que sufren cáncer de ovario tengan posibilidades de tener una calidad de vida alta durante y después del proceso y tratamiento. Pese a que este tipo de cáncer suele aparecer en personas adultas y en edad media, las pruebas pertinentes se tendrían que realizar con menor edad para que historias como la de Sara no se repitan. Es por eso por lo que ella ha creado un OSOIGO en el que recoge firmas para mostrar a la Asamblea de Madrid la importancia de incorporar en la seguridad social las pruebas ginecológicas adecuadas para detectar el cáncer de ovario.

*Para más información o ayuda psicológica necesaria visita la página web de ASACO que, como tantas otras asociaciones, trabajan día a día para que la calidad de las mujeres con cáncer de ovario sea muy óptima. Fuerza y ánimo a todas las que estáis pasando por este proceso. Gracias por leernos.