Por Blanca Escribano

Dos pechos grandes, firmes, con la aureola pequeña y el pezón rosita. Sin pelos. Sin estar caídos. Del mismo tamaño. Con una separación perfecta. «Perfectos». Así nos lo han pintado en las películas, en las revistas, en televisión y en publicidad. Pero sabemos que no es la realidad.

Hay tantos tipos, formas y colores de pecho como personas hay en el mundo. Variedad de tamaños, con más o menos grasa, con más o menos aureola, con más o menos pezón. Pero estos nunca se ven. A Lucía le costó muchos años aceptar que sus pechos no eran como los que salían en las películas. Los escondió en vestuarios, con la camiseta puesta durante sus relaciones sexuales, como si fuese un secreto. Sabía que la forma de su pecho «era rara», pero nunca le puso nombre hasta que decidió buscarlo por Internet: «tetas con forma de tubo». Y así aparecieron ante ella: Pechos tubulares.

Las mamas tubulares son los senos que tienen forma de tubo en vez de forma redondeada y que tienen mucha separación entre ambas mamas. Además, las areolas normalmente son grandes y existe una falta de desarrollo en la parte inferior. 

Fuente: Top Doctors España

Fueron años de odio a su cuerpo. En concreto, nos cuenta, le costó más de 10 años el proceso de NO querer cambiar nada de su cuerpo. «Empecé a tomar conciencia de que mis pechos podían no estar sanos toda la vida; comencé a darme cuenta de la cantidad de personas que hay con cáncer de mama. Me veía con unos pechos sanos y placenteros, pero odiándolos. Así que empezó el acto consciente de acogerlos, tocarlos, mirarlos en el espejo, dibujarlos. Verlos e invitarme a la objetividad. Ver unas tetas. Sin el “feas y raras” coronándolas», explica Lucía.

Ese proceso de amor propio le permitió utilizar su profesión, actriz, para visibilizar este tipo de pecho con un desnudo. Sus tetas, esas que tanto había odiado, salieron en una película. Pero fue un proceso duro. Algo que crea especialmente conflicto en las mujeres es el pezón: tener una areola grande o un pezón muy salido hacia fuera nos hace sentir fuera de lo que ¨se supone que¨. «En mi caso, me hacía sentir basta, poco femenina. Los pechos son un símbolo que yo enlazo directamente con la mujer, con su belleza, capacidad de nutrir y erotismo. Pero hay algo más que eso: también está sexualizado. Si no tenemos ese pezón chiquitito en una areola rosada, pequeña y sin pelos, automáticamente se entra, a nivel social, en un grupo de personas menos sensuales y deseables«, confiesa Lucía.

Por este gran tabú del pezón femenino, muchas mujeres utilizan sujetador. La presión social de que tus pezones, grandes, irregulares o puntiagudos cuando se erizan, se marquen bajo la camiseta. «Yo ya no uso sujetador desde hace años. Lo usaba para que mis pechos se vieran redondos y del mismo tamaño y también por el miedo a tenerlos caídos en un futuro. Al empezar a estudiar danza y canto por mi profesión, me daba cuenta de cómo me llegaba a oprimir el sujetador, de cómo mi respiración estaba limitada y de las marcas rojas que me dejaba en la piel», explica Lucía. Así, poco a poco, fue deshaciéndose de él.

¿Es cierto que el pecho se cae por no llevar sujetador? La respuesta es no. Se trata de un factor que puede ocurrir por muchos motivos: el tipo de tejido del pecho, el tamaño, pérdida de peso, durante el embarazo… Y, por supuesto, por algo que existe y que muchas veces olvidamos: la gravedad. «Siento que asumir unos pechos caídos todavía genera un miedo atroz por el simple hecho de no poder controlar nuestro cuerpo y la vida. Asumir la gravedad es asumir nuestro espacio, peso, la vejez, el cambio constante«, expresa Lucía.

Variedades, formas y tipos de pechos y pezón
Ilustración por Marta Pucci

Es por este miedo por lo que Lucía nos cuenta que muchas actrices llegadas a cierta edad deciden operarse. Siente que hay una necesidad de eliminar y esconder nuestra vejez, por lo que, confiesa, «es una lástima no ver más rostros reales maduros en la pequeña y gran pantalla». Sin embargo, no se trata de una crítica: la libertad de decidir es fundamental. «Si no se puede hacer el gesto de aceptar una parte del cuerpo y si realmente es algo muy dramático en el día a día de una persona, vamos allá, la ciencia y la medicina existen y son geniales», explica.

Además, es necesario abrir otro gran melón sobre la presión social hacia nuestros pechos: la sexualización que existe. No somos capaces de integrar los pechos femeninos como parte del cuerpo y no como objeto sexual. Y solo hay que ver lo que hace Instagram cuando una mujer los muestra libremente.

«Pienso que hay que destapar el pezón femenino, pero es que hay que reeducar la mirada más allá de la forma y la cosificación. Reeduquemos el mirarnos y sentirnos a nosotrxs mismos»

Ahora Lucía es capaz de gritar a los cuatro vientos que ama sus pechos. Son parte de ella. «¡Demos luz a las partes que odiamos/rechazamos! Hagamos un sostén para nosotrxs y para la red invisible que une a todas las personas», anima. Y desde aquí, desde Revista4US, también gritamos alto y claro una cosa: Dejemos de desear unas tetas perfectas que no existen y empecemos a valorar las que tenemos; porque esas sí existen. Y son nuestras.