Por Blanca Escribano

A pesar de que uno de cada diez niños nace en España gracias a técnicas de reproducción asistida, la infertilidad continua siendo un tabú para muchas familias. Se trata de una enfermedad como cualquier otra, de la que no hay que avergonzarse, y que no es exclusivamente femenina, pero la vergüenza y el estigma continua cayendo sobre las mujeres.

«Tener un hijo es algo que se sobreentiende que será natural y de manera rápida, de hecho nos pasamos toda la primera etapa de nuestra vida  reproductiva protegiéndonos para no tener un embarazo no deseado. Entonces, cuando quieres ser madre y el embarazo o el bebé no llega… pues es difícil de encajar», nos cuenta Helena, presidenta de la Red Nacional de Infértiles.

En 2014 un grupo de mujeres que se enfrentaban a la infertilidad decidieron unirse para crear la primera asociación nacional de pacientes con infertilidad. Así nació Red Nacional de Infértiles.

Pregunta: ¿Cómo acude una persona a la asociación por primera vez y que espera encontrar?

Respuesta: Los pacientes nos encuentran porque buscan información y comprensión a partes iguales. Necesitan investigar, saber más. La infertilidad es una enfermedad multifactorial y el abanico de causas y pruebas para encontrar los motivos es muy amplio. Nosotras les damos esa información a través de colaboraciones con profesionales que les responden a sus dudas. Por otro lado, necesitan poder hablar sin sentirse juzgadas, necesitan desahogarse. Nosotras y todo el equipo de voluntarias estamos aquí para eso. Para acompañarlas y abrazarlas siempre que lo necesiten.

Para ella fue esencial poder encontrar este punto de apoyo en Internet. «Apoyarme en mis compañeras de la asociación, poder hablar con ellas, contarles lo que sentía, reír, llorar, sentirme comprendida… sin ellas, todo hubiera sido mucho más difícil», expresa.

Tan importante es sentirse apoyadas y acompañadas en el proceso, que una de las muchas iniciativas con las que cuenta la Red de Infértiles es el Mapa de la Infertilidad. Una posibilidad para geolocalizar de manera anónima a todas las guerreras que se han enfrentado a esta enfermedad y poder formar así una red de apoyo infinita.

P: Solemos entender, de manera errónea, ser infértil como un problema con nosotros mismos. ¿Te costó aceptar que lo eras?

R: Cuesta aceptar porque suele ser una situación inesperada y toca en lo más profundo de tu corazón. Nadie te ha preparado para esto. Dicen los expertos que la infertilidad tambalea los pilares de tu vida y tienen toda la razón.

P: Durante los años que no pudiste concebir, ¿cómo te sentiste dentro de la sociedad?

R: Te acabas aislando por la incomprensión social, esto es un hecho. También es verdad que a medida que pasa el tiempo sabemos mucho más de esta enfermedad que es la infertilidad y se divulga muchísimo al respecto. Pero sí, te sientes mal porque te sientes incapaz de llevar a cabo un proyecto tan especial como es el de formar una familia y no hay ninguna palabra que te consuele. Así que es difícil encajar la circunstancia en sociedad porque los seres humanos tendemos siempre a intentar ayudar a las personas a las que queremos, pero a veces tampoco sabemos ayudar.

«Mujer legrada, mujer embarazada”, “mejor perderlo ahora que solo eran unas células”, “tranquila, eres joven y tienes tiempo”, “¿no crees que deberías parar ya? ¿merece la pena tanto esfuerzo?”. Son algunos «consejos» que Helena ha recibido. Frases que pretendían ayudar y se quedaron en justo lo contrario.

Palabras que, en muchas ocasiones, hacen sentir más culpable a la persona que sufre la infertilidad, en lugar de consolarla.

P: ¿Cómo fue el proceso de encontrarse bien anímicamente?

R: Mi camino fue muy duro para nosotros. Más de cuatro años y medio de búsqueda, dos abortos, una hiperestimulación muy grave que me llevó al límite y emociones como la envidia o la rabia que me hicieron sentir muy mala persona.

Para ella, dos cosas fueron fundamentales en su proceso de aceptación: acudir a terapia y la Red de Infértiles. «La ayuda profesional especializada fue fundamental para aceptar muchas de las cosas que estábamos sintiendo y estábamos viviendo», nos cuenta.

Para Helena, dar consejos sobre la infertilidad puede ser contraproductivo, porque «lo que a mí me sirve, a ti puede hacerte daño». Cada persona es un mundo, pero sí que deja unas palabras para cualquiera que esté pasando por una situación similar:

«Le mandaría un abrazo enorme cargado de fuerza y le diría que no está sola. Que nos busque. Estamos aquí para ella. Que nos utilice. Nosotras lo hemos vivido en primera persona. Sabemos lo que siente, la entendemos. También le diría que tiene derecho a parar. Que descanse si lo necesite. Que se escuche y se permita el espacio que su cuerpo y su corazón le están pidiendo».

La pena, la rabia, la tristeza, la envidia… son emociones y sentimientos válidas que forman parte de este proceso. Ya es hora de dejar atrás el estigma.