Por Cristina Sanchis

Empezar a menstruar no es fácil para una niña que todavía no quiere ser mujer. Cuando el cuerpo femenino decide empezar a cambiar y comienza a desarrollarse de manera vertiginosa, las, ya, mujeres tienen que acostumbrarse a un cambio en su vida que comporta incorporar todo tipo de productos higiénicos en los armarios del baño.

Menstruar no es algo que solo hagan las mujeres con una renta o clase social determinada, pues, desde aproximadamente los once años, todas y cada una de las niñas del mundo empiezan sus ciclos menstruales hasta, aproximadamente también, los 60 y pico años. ¿Por qué entonces hay que pagar una tasa de impuestos tan elevada por los productos higiénicos femeninos? ¿a caso alguien ha elegido ser mujer y menstruar? ¿no es un producto de primera necesidad para aquellas personas que lo necesitan?

Compresas, tampones, salvaslips, copas menstruales… y, en definitiva, cualquier producto relacionado con la higiene femenina, está sujeto a la llamada «tasa rosa» que es un aumento de precio a estos productos porque no están consideradas como de primera necesidad. Hoy nos tomamos un café con Nora Pascual (@menstrualmentehablando), educadora menstrual para hablar sobre este impuesto.

Pregunta: Nora, como educadora menstrual ¿crees que la tasa rosa hace que se vea la menstruación como algo no natural?

Respuesta: Hay que diferenciar entre la llamada #PinkTax o tasa rosa, y la #PeriodTax, #TamponTax o impuestos sobre los productos menstruales. La tasa rosa se refiere a la diferencia de precio dos productos que son el mismo, sirven para lo mismo, pero uno se publicita para hombres y otro para mujeres.

Misma marca + mismo producto + distinto color = diferencia de precio => tasa rosa

Por ejemplo, las cuchillas de afeitar: normalmente son el mismo producto pero azules para hombres y rosas para mujeres: la diferencia en el precio puede variar mucho. Esto también sucede con cremas depilatorias, geles, champús, cremas faciales, … En Estados Unidos una conocida marca de bolígrafos comercializó el mismo bolígrafo pero en rosa a un precio desorbitado y tras las quejas que suscitó, se retiró el producto.

Por su parte, la #PeriodTax o impuestos sobre productos menstruales implica que en España -excepto en las Islas Canarias- se les aplica un 10% de IVA. En estos momentos el IVA super reducido es del 4%, que se aplica a productos de primera necesidad -entre los que se incluye la Viagra- pero no a los productos para gestionar la menstruación.

Una reducción del impuesto sobre los productos menstruales implica un cambio en el marco conceptual de la menstruación, dejando de ser una ‘cosa de mujeres’ y pasando a estar visibilizada y tenida en cuenta. El impuesto sobre los productos menstruales hace que la menstruación no sea considerada a nivel institucional como un aspecto biológico sobre el que la mitad de la población no tenemos ‘control’.

vídeo de la cómica Carolina Iglesias para su canal de Youtube

P: ¿Crees que es una forma de machismo institucional?

R: Gloria Steinem en 1978 publicó el artículo ‘si los hombres menstruaran’ en el que explica de forma clara y satírica la influencia que tiene el patriarcado sobre como concebimos la menstruación. Si fueran los hombres cis quienes menstruaran, no habría impuestos sobre estos productos, incluso se ofrecerían de forma gratuita para quien los necesitara, se investigarían enfermedades relacionadas con el ciclo menstrual, etc. ¿Por qué? Porque quienes tienen el poder y toman las decisiones son, en su mayoría, hombres cis. Pero al no experimentar ellos la menstruación, queda olvidada e invisibilizada, reducida a ‘cosa de mujeres’, ignorando que la mitad de la población en algún momento de su vida menstrúa y necesita poder gestionar su sangrado de forma digna. Es una forma más de sexismo y patriarcado en nuestra sociedad.

P: El impuesto sobre los productos menstruales es, a parte de una forma de discriminar a las mujeres, una forma de discriminar a las mujeres más pobres. ¿Qué método crees tú que es más económico para sobrellevar la menstruación?

R: Los productos menstruales tienen diferentes precios que, dependiendo de cada persona, serán más asequibles o menos en un determinado momento. No existe un método más económico para toda la población, y debemos tener en cuenta que el método más económico no tiene que ser el adecuado para quien menstrua. 

Por ejemplo, el sangrado libre en un principio implica cero coste económico ya que se trata de no usar productos menstruales, aprender a vaciar el útero en el baño y/o dejar que el sangrado fluya. Sin embargo, no toda persona menstruante puede o quiere practicarlo. Al comenzar a practicarlo se recomienda usar productos externos (compresas de tela o desechables, o bragas menstruales) lo cual ya incurre un coste; y, si no se usa ningún producto, hay muchas posibilidades de manchar la ropa, incluso el sofá, el colchón,… limpiar o reemplazar estos productos también supone un coste. Así mismo, es entendible que haya personas que no quieran exponerse a mancharse en público, ya que existen numerosos estigmas en torno a la menstruación, a la que se le considera de sucia, asquerosa, avergonzante, etc. 

Por su parte, los productos reutilizables -copa menstrual, compresas de tela, bragas menstruales- se pueden usar entre 2 y 10 años (dependiendo del producto) lo que significa que, a la larga, salen más baratos que usar productos desechables -además de reducir el impacto medioambiental-; pero el coste inicial es muy superior al coste de compresas y tampones desechables y hay personas que no pueden adquirir estos productos debido a ese coste inicial. 

Tenemos derecho a usar los productos menstruales que más nos convengan en cada momento, independientemente de su coste. Tenemos que poder usar diferentes productos en diferentes momentos del sangrado y de nuestra vida, independientemente de nuestro poder adquisitivo.

Con todo, eliminar los impuestos sobre los productos menstruales no es el único aspecto necesario para poder combatir la pobreza menstrual. Se deben ofrecer productos menstruales gratuitos de todo tipo, así como mejorar las infraestructuras -baños privados, con acceso a agua en el cubículo, etc.) e incluir la educación menstrual para conocer nuestros cuerpos, procesos y cómo cuidarnos para una buena salud menstrual.

P: ¿Cómo convencer a los dirigentes políticos sobre la importancia de eliminar los impuestos sobre productos menstruales?

R: Personalmente pienso que se debe usar numerosos enfoques: Conseguir paridad a nivel de representación política para que deje de considerarse un tema de una minoría sino de la población general. Así mismo, necesitamos un cambio de visión en la clase política, que se preocupe por la sanidad y el bienestar de la población. 

Ejercer presión desde la población para conseguir el cambio, y para ello son necesarias campañas de concienciación sobre la realidad de las personas menstruantes y de la existencia de la pobreza menstrual. Ya sabemos que lo que no se nombra no existe. Una vez que la población conozca esta realidad, surgirán movimientos como el #EndTamponTax #periodpositive y numerosos otros que han surgido en otros países.

Llevar a cabo informes e investigaciones que muestren con datos oficiales la realidad que de momento sigue invisibilizada e ignorada. Necesitamos obtener datos y cifras específicas sobre la pobreza menstrual. Analizar los cambios legislativos en torno a la pobreza menstrual que otros países ya han implantado y su efectividad. 

P: ¿Qué decirle, también, a un hombre que nos llama exageradas por reclamar esto?

R: Que hable con cualquier persona menstruante que conozca, que le pregunte cuánto paga por gestionar su menstruación, que haga las cuentas del coste y de las implicaciones que conlleva, que se ponga en su lugar y piense cómo actuaría. Que lea al respecto antes de juzgar -existen numerosos informes online sobre la pobreza menstrual-, en definitiva, que escuche y se informe.

imagen del instagram @hastaelco_

P: ¿A qué edad te empezaste a plantear tu relación con la menstruación y por qué abriste un canal en Instagram para hablar sobre ella?

Soy profesora y cuando trabajé en Reino Unido estuve a cargo de la educación afectivo-sexual en un centro escolar. Uno de los aspectos del currículum era el ciclo menstrual y ahí fue cuando me di cuenta de lo poco que sabemos y lo mal que educamos sobre la menstruación. Decidí cursar un máster en estudios de género y feminismo e investigar sobre la pobreza menstrual en edad escolar, escribiendo un TFM en torno a este tema. Tras ofrecer una serie de talleres en centros escolares, decidí emprender y dedicarme a la educación menstrual. Es por esto que abrí el canal MenstrualmenteHablando en Instagram y Twitter así como la web, para dar a conocer las diferentes realidades y ofrecer talleres de educación menstrual.

P: ¿Qué importancia tiene a día de hoy la menstruación para ti? 

Lo personal es político y es por ello que muchos aspectos de mi vida giran en torno al ciclo menstrual en general y la menstruación en particular. Tengo 30 años y menstruo, con el consiguiente coste que conlleva y conociendo mi realidad de primera mano. A nivel personal me parece muy importante autoconocerme y cuidar mi salud menstrual.

Así mismo, ofrezco educación menstrual por lo que la menstruación es parte de mi realidad laboral y, en mi trabajo como docente en los últimos diez años, he conocido numerosos casos de absentismo durante la menstruación. Creo que tenemos una responsabilidad por acabar con este absentismo, así como con la pobreza menstrual entre la infancia y juventud especialmente.

vídeo de la TV vasca ETB sobre la tasa rosa

P: ¿Tienes alguna experiencia relacionada con el impuesto sobre los productos menstruales que quieras compartir? 

R: Han sido numerosas las ocasiones en las que me han llamado exagerada o me han dicho que existen problemas más importantes en lo que centrarme pero, cuando quien lo dice tiene predisposición a escuchar, siempre hemos terminado la conversación estando de acuerdo en que es un tema del que no se habla suficiente y que tiene un gran impacto.

He sido suficientemente privilegiada como para no sufrir pobreza menstrual de primera mano, aunque he tenido situaciones en las que por el contexto -estar fuera de casa más horas de las esperadas, comenzar a menstruar un día que no lo esperaba, etc.- no he tenido productos menstruales a mano o he tenido que usarlos durante más horas de las recomendadas.

Como ya he mencionado, por mi labor como docente, he conocido numerosas realidades muy diferentes a la mía, alumnado que se ausenta del centro escolar o que usa papel higiénico en lugar de productos menstruales, etc. Además, en los talleres de educación menstrual me he dado cuenta de la cantidad de jóvenes que llegan a su primera menstruación sin saber qué es o qué hacer.