Por Cristina Sanchis

Despertarse y coger el móvil, utilizarlo en el transporte público, mientras desayunas, comes o cenas. Utilizarlo en eventos sociales o cuando no te acompaña nadie; en el baño, en el gimnasio o mientras haces la compra. Nos hemos acostumbrado a compartir nuestra vida con un ser rectangular que está presente en casi todos nuestros actos diarios ¿Somos conscientes de cuántas horas supone esto? ¿Qué pasaría si cada vez que lo utilizáramos recibiéramos un insulto? ¿Dañaría esto nuestra salud mental?

El estar constantemente con el dispositivo en la mano ha hecho que las redes sociales se hayan convertido en la principal manera de la relacionarse. Subir ‘storys’ o posts a Instagram es una de las actividades más concurridas, pues te permite enseñar que estás haciendo cosas interesantes y, a la vez, puedes ver qué está haciendo la gente a la que sigues. Así, sin ningún contexto. Sin ninguna historia real detrás.

«Uy mira, este está en la playa, cuánto ha adelgazado, seguro que tiene un TCA». «¿Cómo se atreve a ponerse esos pantalones? No le favorecen». «¿Va a llevar esa falda tan corta? ¿Con este frío? Seguro que quiere enseñar». Estos pensamientos, fruto de ver sin conocer y con la protección de una pantalla delante, pueden dañar, y mucho, a la persona que los recibe. El odio en Internet se ha disparado con el auge de las redes sociales. Toda esta situación lleva al debate social plantear qué pasa en el interior de una persona para que proyecte tanta rabia a través de un dispositivo.

«He llegado a sentir lástima con algunos porque se nota que son personas que no están bien consigo mismas y me dan ganas hasta de preguntarles cómo están», asegura Irene Nortes, youtuber e instagramer con más de 88 mil seguidores en está última. Admite sentir compasión por los haters: «Les diría que conviertan la envidia en admiración, son sentimientos que van de la mano y cambiar de uno a otro sólo trae cosas buenas».

«Les diría que cambien la envidia por admiración, son sentimientos que van de la mano»

La influencer lleva muchos años en Internet y ha creado una comunidad con la que asegura estar muy contenta. Como la mayoría de personas que se dedican a redes sociales, Irene cuenta su día a día en las redes y comparte, con total sinceridad, su forma de ver el mundo. Pese a que esto, a otra persona, podría causarle muchas críticas negativas y un deterioro de su salud mental, ella ha sabido gestionar el odio en redes de manera admirable. «Me parece irreal e incluso ficticio que haya un perfil anónimo intentando herirte a través de un mensaje. «Mi cerebro directamente bloquea y se le olvida el comentario en el momento que pulsa el botón ‘bloquear’«.

Su método, nos cuenta, se basa en una frase: «bloquea en la pantalla, bloquea de tu mente». Aunque dicho así puede parecer sencillo, realmente conlleva un proceso de trabajo mental de ejercitar al cerebro para que este consiga realmente bloquear lo que está leyendo. Irene comenzó en redes por pasión a crear y por amor al arte, y su comunidad, por suerte, solo tiene críticas constructivas para ella. «Una comunidad de buenas vibraciones que no deja lugar para las malas»

Sin embargo, soportar el odio en redes sociales es el día a día de las personas que se dedican a ellas. «Es una cuestión de que somos personas y no máquinas. Que por muchos números y likes que marque Instagram, somos personas de carne y hueso como ellas», expresa Irene. Cuidar tu salud mental y también tu privacidad es imprescindible, por lo que Irene se marcó desde el principio que, ante un día de bajón, nunca cogería el móvil. Las redes son un porcentaje minúsculo de la vida de la gente, pero entre todos podemos hacer que vuelvan a ser sociales.