¿Qué van a pensar de mí? ¿Y si hago el ridículo? ¿Y si no doy la talla? Son preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez. Es inevitable pensarlo, al igual que es inevitable tener miedo o vergüenza. O ansiedad. Se trata de un mecanismo de supervivencia. Pero cuando este miedo deja de ser puntual y se convierte en uno desmesurado e irracional, que te afecta e invalida a la hora de tomar decisiones, es hora de escuchar a tu cuerpo.

Para hablar sobre miedos irracionales, nos tomamos un café con Mireia Masip, Psicóloga Sanitaria, especializada en el tratamiento de la ansiedad y la fobia social. Mireia ayuda a las personas con dificultades a la hora de relacionarse con los demás a poder mostrarse en las situaciones sociales y liberarse de bloqueos.

Pregunta: ¿Cómo explicarías a alguien que no sabe qué es la ansiedad social?

Respuesta: Si tuviéramos que definirlo en pocas palabras, quizá las más acertadas serían “miedo desmesurado e irracional a la descalificación de los demás”. Ese es el factor más común que presentan las personas con ansiedad o fobia social, aunque existen otros también relevantes.

De forma más extensa, podríamos decir que la ansiedad social se caracteriza por un miedo intenso y persistente en situaciones sociales, concretamente a actuar de forma que resulte embarazoso o humillante, o a mostrar signos de ansiedad como rubor facial (ponerse rojo/a), temblores, sudor, que puedan ser interpretadas de forma negativa por parte de los demás. Como consecuencia de este miedo, las situaciones sociales temidas se soportan con malestar intenso e incluso se llegan a evitar.

La ansiedad social se caracteriza por un miedo intenso y persistente en situaciones sociales, concretamente a actuar de forma que resulte embarazoso o humillante

P: ¿Cuáles son los principales síntomas de la ansiedad social?

R: Podemos diferenciar tres sistemas en los cuales se manifiestan los síntomas de la ansiedad social: el sistema fisiológico (cuerpo), cognitivo (pensamientos) y conducta (acciones).

Una parte importante de la sintomatología corporal que habitualmente se da en ansiedad social es parecida a la que encontramos también en la ansiedad “genérica”: taquicardia, palpitaciones, opresión en el pecho, náuseas, malestar gastrointestinal, boca seca, escalofríos o sensación de debilidad. Algunos síntomas más específicos son, por ejemplo: temblor (voz, manos), sudoración, sonrojamiento.

En el plano cognitivo, es decir, de los pensamientos, los síntomas más relevantes son: rumiación cognitiva (tendencia a dar muchas vueltas a cada situación), dificultades de atención y concentración, dificultades para recordar cosas importantes o para encontrar palabras y confusión. Además, existe una tendencia a centrar la atención en sí mismo, sobre todo a los síntomas corporales visibles y a los pensamientos negativos catastrofistas. Esto último es lo que crea el círculo vicioso de la ansiedad, generando más activación y más miedo.

Por último, en la parte conductual, es frecuente la evitación de las situaciones temidas. Esta evitación se da de forma total, por ejemplo no acudiendo a ciertas situaciones sociales o evitando lugares donde pueda cruzarse con otras personas; y también se puede dar de forma parcial: no hablar en las situaciones sociales, o con conductas defensivas, como beber alcohol, ponerse mucha ropa para evitar el sudor, maquillarse en exceso para ocultar el rubor facial, etc.

P: ¿Es posible que personas que han tenido siempre grandes habilidades sociales y grupos de amigos se vean, de repente, afectados por esta patología que les impida seguir con su vida normal?

R: La mayoría de las personas que de adultos sufren ansiedad o fobia social han tenido un inicio de la sintomatología en su infancia y/o adolescencia. Esto se da porque los factores implicados en la génesis de este trastorno se dan especialmente en estas épocas. Estos factores tienen relación con, por ejemplo: el estilo de educación de los padres (muy sobreprotector o sobrexigente/crítico), la falta de adquisición de habilidades sociales, experiencias negativas en situaciones sociales que han creado experiencias traumáticas (bullying por ejemplo), entre otros.

Es por estos motivos que es muy poco común en la consulta encontrar personas que siempre hayan tenido grandes habilidades sociales y grupos de amigos en los que participan de forma muy activa que de repente sufran ansiedad social, sobre todo fobia social del tipo generalizada.

La mayoría de las personas que de adultos sufren ansiedad o fobia social han tenido un inicio de la sintomatología en su infancia y/o adolescencia

P: Relacionado con la pregunta anterior, ¿está relacionada con la ansiedad genérica? ¿Se puede considerar lo mismo?

La ansiedad “genérica” es un gran “paraguas” en el cual caben muchos tipos de ansiedades más específicas relacionadas a situaciones concretas (Ansiedad generalizada, Agorafobia, fobia específica, Toc…). En este caso, la ansiedad en sí misma y la ansiedad social, como hemos visto antes, comparten una parte muy importante de la sintomatología ya que una forma parte de la otra, aunque la fobia social con sus peculiaridades que la hacen más específica.

La ansiedad es una “alarma” que nos indica que tenemos que cambiar alguna cosa para poder estar bien. Esto puede referirse a nuestras interpretaciones, conductas, autocuidado o resolver un dilema que tengamos en ese momento y que nos crea esta sensación de atrapamiento. En todos los casos, es importante escuchar el mensaje que la ansiedad tiene para ti y gestionarla para poder estar bien. Luchar contra ella o ignorarla y hacer como que no pasa nada no sólo no soluciona el problema si no que lo cronifica.

La ansiedad es una «alarma» que nos indica que tenemos que cambiar alguna cosa para poder estar bien. Es importante escuchar el mensaje que la ansiedad tiene para ti y gestionarlo.

P: ¿Es la ansiedad social, agorafobia? ¿Miedo a salir de casa?

R: No, son trastornos diferentes dentro del “paraguas” que antes comentaba que es la ansiedad genérica. La agorafobia se trata del temor a experimentar sensaciones de ansiedad muy intensas (incluso llegar al ataque de pánico o perder el control) en situaciones en las que no puedo recibir ayuda o puedo estar expuesta al juicio de los demás. Estos ataques de pánico o los síntomas intensos de ansiedad van acompañados de evitación de las situaciones en las que puede ser difícil o embarazoso escapar o disponer de ayuda. Es por este motivo que hay personas que pueden llegar a no querer salir de casa, pero en la agorafobia no se evitan específicamente las situaciones sociales, y en cualquier caso no únicamente por el temor al juicio negativo o la crítica per se.

En la ansiedad social sí existe este temor a ser descalificados por cómo son y cómo se comportan en las situaciones sociales, o por mostrar síntomas de ansiedad que sean interpretados de forma peyorativa; pero no por miedo a no poder escapar o tener una crisis de pánico.

P: ¿Qué comentarios se deben EVITAR cuando un amigo/familiar tiene esta patología?

R: Hay claramente una serie de comentarios que no deben hacerse a personas que sufren de ansiedad en general, pero específicamente cuando se trata de ansiedad social. Deberían evitarse todos los comentarios que incluyan algún juicio personal sobre lo que está viviendo el/la otro/a, así como consejos, opiniones personales (sobre todo si la persona no nos lo ha pedido), ya que normalmente no solo no suelen ayudar, sino que además crean sensación de poca empatía y mucho dolor.

Algunos ejemplos comunes:

– “No le des tantas vueltas a las cosas”

– “Relájate”

– “No tienes que dar tanta importancia a lo que piensen los demás”

– “¿Se te ha comido la lengua el gato?

– “Uy, estás roja, te pasa algo?

– “Lo que tienes que hacer es confiar más en ti y dejarte de miedos e historias”

– “No está bien que no hables, tienes que forzarte a hablar con los demás.”

– “Tienes que poner más de tu parte”

Es importante recordar que cuando vamos a hacer un comentario a otra persona, aunque queramos ayudarla, es posible que le hagamos daño si no utilizamos un lenguaje lo suficientemente respetuoso. Mi recomendación si lo queremos es ayudar realmente a la otra persona, es utilizar frases como: “Estoy aquí para lo que necesites”, “Aunque no lo entienda del todo, te apoyo en lo que quieras”. Es decir, utilizar un lenguaje sin juicio, hacer más preguntas y no dar opiniones o consejos si no se han pedido. Y seguir la máxima de: “Si lo que voy a decir no va a aportar nada ni a hacer sentir mejor al otro, es preferible no decir nada.”

«Estoy aquí para lo que necesites». Hay que usar un lenguaje sin juicio, hacer más preguntas y no dar opiniones o consejos si no se han pedido

P: Ver como un amigo/a deja de salir, de comunicarse, de aceptar planes… puede minar una amistad y hacer que la persona que sufre ansiedad social se aleje. ¿Cómo debe actuar un amigo para conservar la amistad?

Como decía antes, la mejor forma de ayudar a un/a amigo/a que está en esta situación es acercándonos a él/ella desde el no juicio y la apertura total. Algunos tips a tener en cuenta:

Hacer más preguntas que afirmaciones: ¿Puedo ayudarte de alguna forma? ¿Necesitas hablar con alguien? ¿Cómo estás? Últimamente me he fijado que no aceptas los planes, quiero asegurarme de que estás bien…

Estar presente para acompañar a la persona: “Estoy disponible para ti cuando lo necesites…”

No juzgar: “Aunque quizá no entienda lo que te está pasando, estoy aquí contigo para lo que quieras”.

Escuchar sin aconsejar: “Te escucho, puedes explicarme lo que necesites”.

Empatía, ponernos en sus zapatos, no hablar desde los nuestros: Intentar comprender realmente lo que está viviendo esta persona, sin apresurarse a buscar soluciones o dar consejos sobre el “amímefuncionismo” (Que te funcione a ti no quiere decir que le funcione al otro, no ayuda a crear empatía y puede ser contraproducente).

Por último, e importante, si realmente vemos que este/a amigo/a está pasando por dificultades que no puede resolver por sí mismo/a, podemos, con mucho tacto, recomendarle iniciar un proceso de terapia con un/a profesional de la psicología, ya que es importante recordar que la ansiedad o fobia social es una dificultad muy dolorosa, pero con tratamiento eficaz y efectivo.